Bore


Cuando la energía baja,
el silencio cansa,
los flujos se suspenden
y el camino se vuelve incómodo…

Escribo.

Me pierdo en mi zona,
en este sitio 
que siempre está ahí,
donde siempre encajo,
donde lo que quiero decir,
sucede y queda plasmado
en estas hojas de mi vida.

Donde el agobio
es solo una sensación más
para experimentar
y sanar respirando.

Cuando mis ojos 
se sienten raros
y mis pies se aploman tanto
que no se despegan para volar…

Escribo.

Me transporto 
en mi pluma mágica,
la seductora que guía
mis pensamientos
y modula mis aflicciones.

Escribo con la adicción
de un poeta sentado en la luna llena,
contándole a las estrellas
los caminos de sus sueños,
los baúles de sus anhelos
y los puentes de sus miedos.

Escribo con el corazón
entero, roto o hueco,
porque entre letras,
siempre se compensa.

Escribir es mi viaje seguro,
ese destino 
donde el cuerpo descansa
y la mente transforma
las luchas y monotonías
en letras únicas
con imágenes
nunca vistas.

Y aún hoy,
con la energía marchita
de sentir sin entendimiento,
con todas las razones
y sin motivos suficientes,
uso la poca energía
para suavizar mi día 
entre estos locos versos
que pueden no ser leídos,
pero que expreso aún así
con los gritos de mis teclas.

Porque sacarlos de mí
hace más suave
este aburrido día,
donde ninguna sorpresa ocurre
y lo planeado se esfuma
en un chasquido silencioso,
dejando tontos los cambios
y movimientos que preparé
para que hoy
surgiera con buen tiempo,
aún bajo la lluvia.

Escribo también
a falta de algo mejor
y porque es lo mejor
mientras espero y anhelo
que mañana llegue
con un mejor cielo .

CaroAV




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