SALIR PARA VIVIR
El día a día, con sus ires y venires, con sus tensiones, movimientos, bajones y subidas; puede llevar a cargar los hombros, el cuello, la cabeza, el estómago, las piernas, la espalda... Entre otras cosas la mente y la condición espiritual.
Es natural sentir la necesidad de dispersarse, de salir y dar una vuelta, de aprovechar los descansos para conocer otros lugares, para saludar a seres queridos y amigos que hace tiempo no vemos.
Contemplar el paisaje desde lo alto en un avión, el atardecer en una playa, el paisaje en una tierra más cálida o más fría, ver nuevas culturas, probar nuevos sabores... Llenan el corazón, descargan la mente, refrescan lo que somos y deja a nuestros ojos dispuestos a ver el futuro brillante.
¿Y tú? ¿Ya elegiste tu próximo destino?
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